CAMPUS DEL INTER AL PIE DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES

La segunda visita de la temporada a Bolivia ha llegado a su fin

Cochabamba - En el sur del país, el invierno está a la vuelta de la esquina. Cochabamba está situado a una altura de 2.500 metros y hay una enorme variación de temperaturas. Muchos bolivianos portan vestimentas muy pesadas y abrigadas a pesar de que la temperatura por las mañanas pueda rozar los 30 grados. 

El Campus del Inter en Bolivia incluye a 150 niños y cinco entrenadores locales. 

Como cada sábado por la mañana, nuestro contacto en la zona, Massimo Casari, acude a la cárcel de San Sebastián para recoger a los hijos de los presos, con el fin de llevarlos al centro de recreación de la zona Ticti norte. Allí, el objetivo es el de crear una serie de actividades en las que los hijos de los presos puedan participar y, de esta manera, mantenerse fuera del ambiente de la prisión durante unas horas. 

En nuestra visita con Massimo y el entrenador local Víctor, llegamos a la prisión a bordo de uno de los típicos autobuses coloridos que circulan constantemente por la ciudad. Ya en la llegada a la prisión se palpa la tensión del lugar, coincidiendo además con una revuelta entre varios presos. Sólo unos pocos niños pudieron acercarse al autobús. Frente a nosotros se halla dicha prisión, dividida en dos pisos, con una serie de ventanas con barrotes por las que los presos observan cualquier tipo de movimiento en la entrada. En la azotea se vislumbran una serie de estructuras metálicas para lidiar contra la superpoblación en esta prisión, aunque también se puede observar ropa y botas de fútbol colgadas, lo que le da el aspecto de una especie de apartamento. Los padres de los niños son separados con la ayuda de la policía, que en este caso se ocupa de evitar cualquier tipo de fuga de los prisioneros. 

Una vez de vuelta en el autobús, ponemos rumbo al centro de recreación para llevar a los niños a una dimensión totalmente opuesta a la que viven día a día en la prisión. Con la ayuda de educadores, se les prepara un desayuno, antes de entrenar todos juntos sobre el terreno de juego. 

Al final de la visita, se organiza un torneo para los niños, en el que algunos padres se encargan de preparar unos snacks de las especialidades locales, como por ejemplo las empanadas de queso o las saltenas.  


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