Un siglo desde Prisco

UN SIGLO DESDE PRISCO

Peppino Prisco, "el mejor interista de todos los tiempos", llegó al mundo hace 100 años

A lo mejor es la pregunta más obvia, pero sin duda la más intrigante, ¿cómo se convirtió el mayor hincha del Inter de todos los tiempos en un hincha del Inter?

Sólo Peppino Prisco era capaz de contestar esa pregunta con eficacia. Habría sido una ingeniosa broma que te hubiera dejado medio aturdido y medio divertido.

Hay una historia que cuenta cómo sucedió, pero para ello tendríamos que remontarnos a 100 años atrás, a Corso Buenos Aires 66, en Milán.

Fue ahí, el 10 de diciembre de 1921, cuando Giuseppe –también conocido como Peppino– Prisco nació. A menudo los Bussolas solían pasar a visitar a sus padres y para él eran como su tío y su tía. Un domingo aparecieron con unas tartas. “¿Qué estamos celebrando?” Era la temporada 1029/30 y el Inter –la que era la Ambrosiana en su momento– acababa de ganar al Milan. “Tenemos que celebrar la derrota del Derbi ante el Inter”.

Así es como empezó la historia del mayor Interista de todos los tiempos.

Hay muchas más anécdotas y sentimientos desde esa misma tarde con las tartas. El joven chico creció fomentando su passión por el Nerazzurri, alternando  sus estudios en Berchet con los partidos en Via Podgora–situada entre Porta Romana y Porta Vittoria– recogiendo todas las palabras en La Gazzeta dello Sport y en el Il Calcio Illustrato. Los partidos del Inter en el Arena, las charlas post partido en el Bar Vittorio Emanuele en Via Orefici, su primer viaje lejos.

La semilla sembrada en Peppino del Nerazzuri, creció poco a poco y las raíces se convirtieron más fuertes cuando, en 1938, un Peppino de 17 años subió a un tren hacia Puglia para ver el partido de Bari vs Inter, un partido que se ganó con el gol de Annibale Frossi, 

En la familia había un fuerte sentido de la justicia. Su padre era abogado y su madre se encargaba de que cumpliera con sus obligaciones educativas. Al final se convirtió en abogado, pero no antes de un viaje a Rusia como miembro de los Alpini (segundo teniente, división Julia, batallón l'Aquila), recorriendo kilómetros en el frío glacial y luchando por la supervivencia. Escribió cartas a sus padres y se llevó una pelota de cuero a la estepa. Fueron meses muy duros, una guerra terrible y una retirada de 380 kilómetros.

Cuando todo parecía acabado, en Brest-Litovsk, la primera cosa que buscó fue un ejemplar de La Gazzetta dello Sport.

De 1600 soldados alpinos y 53 oficiales que partieron, volvieron 159 soldados y tres oficiales volvieron.

Siguió estudiando Derecho, y el Inter, de nuevo. Por Milán y por toda Italia. Hasta que un día, el entonces vicepresidente le preguntó: "¿Por qué no te unes al club?". Entró como abogado del club el 10 de octubre de 1949 y se convirtió en vicepresidente en 1963, con Angelo Moratti. El presidente, harto de pagar multas por los discursos de Helenio Herrera tras los partidos, hizo que Prisco realizara entrevistas en su lugar.

Estuvo siempre ahí, en los estadios, en cada triunfo y también en todos los momentos que cambiaron la historia del fútbol. Como la protesta que hizo tras el partido contra el Borussia Moenchengladbach –el infame "incidente de la lata"–, cuando su cabezonería y su magnífica mente hicieron que el partido se repitiera. 

Trabajó para cinco presidentes, pero sólo para un jefe: "Sólo he trabajado con el Inter".

De ahí también que fuera tan cortante e irreverente con los rivales del Inter. Era el némesis por excelencia del AC Milan.

Hasta la fecha, San Siro canta "Serie A is in our DNA", en referencia a uno de los muchos golpes de Prisco a los Rossoneri. Con una sonrisa en los labios y sin necesidad de mencionar al otro equipo, dijo: "Los aficionados del Inter no tienen por qué preocuparse. Después de estar  muchos años en este club, puedo confirmar que la  Serie B no forma parte de nuestro diccionario". Sin embargo, su dialéctica nunca fue aburrida e incluso causó gracia a los aficionados del Milan, que lo veían como un rival al que era imposible odiar.

El orgullo inherente que siente un auténtico hincha es siempre el mismo tanto en la edad adulta como en la infancia. Sobre su escritorio, entre las fotos de sus padres, colocó una fotografía de Ronaldo, el jugador que más adoraba, junto con Meazza.De Meazza a Ronaldo. Tal vez por ello, Prisco se despidió del mundo del Inter durante la etapa de Ronaldo en el club. El 10 de diciembre de 2001, Prisco celebró su 80º cumpleaños con los aficionados del Inter mientras Ronaldo marcaba contra el Brescia. Vieri y Ronaldo jugando juntos. Recibió cientos de llamadas por su cumpleaños, todas ellas haciendo referencia al Inter, líder de la Liga en ese momento. Dos días después, el 12 de diciembre, falleció súbitamente.

Siempre bromeaba durante sus entrevistas y una vez dijo: “Antes de morirme, seré un fan del Milan, así habrá uno menos”

En realidad, dejó este mundo como uno de los nuestros. Y entre nosotros sigue vivo, en San Siro, tanto antes como ahora, cada vez que se canta "Peppino Prisci, danos un gol

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